
Hablar de conservación del medio ambiente y protección de la biodiversidad requiere mirar más allá de los bosques, los páramos y las especies que habitan en ellos. También implica reconocer el papel de quienes, generación tras generación, han cuidado el territorio: las mujeres.
Ellas han sido las guardianas de los saberes ancestrales, transmitiendo conocimientos sobre plantas medicinales, semillas nativas, agua y prácticas agrícolas sostenibles y culturalmente saben cuándo, cómo y dónde sembrar y cosechar, saberes que hoy resultan esenciales para enfrentar el cambio climático. Sin embargo, su aporte sigue en muchas situaciones invisibilizado por profundas desigualdades de género.
La brecha de género en cifras
Las estadísticas para américa Latina y Colombia muestran una realidad contundente:
Desigualdad de Género
- Brecha salarial: Por cada dólar que gana un hombre, las mujeres reciben solo 82 centavos.
- Participación laboral: Solo el 55% de las mujeres en edad de trabajar participa en el mercado laboral, comparado con el 78% de los hombres.
- Trabajo no remunerado: Las mujeres dedican, en promedio, 4 horas al día al trabajo del hogar no pagado, mientras que los hombres dedican solo 2 horas.
- Sector agroalimentario: El 36% de las mujeres trabaja en este sector, un pilar para las comunidades rurales, pero muchas no reciben pago o tienen salarios desiguales.
- Educación vs. Ingresos: Aunque las mujeres tienen más años de escolaridad (9.8 años) que los hombres (9.4 años), sus ingresos son un 20% más bajos y su participación laboral es mucho menor (52% vs. 76% de los hombres).
Desafíos en Colombia
- Pobreza: La pobreza multidimensional es significativamente más alta en zonas rurales (34.3%) que en las urbanas (12.9%).
- Desigualdad de ingresos (Índice de Gini): Con un puntaje de 0.526, Colombia muestra una alta desigualdad en la distribución de ingresos.
- Índice de Desarrollo Humano (IDH):
- Puntaje: En 2023, el IDH de Colombia fue de 0.758, manteniéndose en el grupo de países con Alto Desarrollo Humano.
- Posición: Ocupó el puesto 91 de 193 países, una ligera baja comparada con el puesto 88 de 2022.
¿Por qué las mujeres se ven tan afectadas por el cambio climático?

El cambio climático impacta de manera desigual a la población, y las mujeres especialmente en zonas rurales y comunidades vulnerables sienten esta carga con mayor fuerza.
Históricamente, las mujeres han asumido responsabilidades domésticas clave como recolectar agua y leña, cocinar, cuidar de la familia, recolectar semillas, cultivar la huerta y cuidado de animales domésticos, tareas que dependen directamente de los recursos naturales. Cuando el clima se altera, estas labores se vuelven más difíciles y demandantes. Al depender de esos recursos, se genera eventuales escaseces o pérdidas en cosechas traducen en más trabajo y menos ingresos. Según la FAO, los hogares encabezados por mujeres pierden más ingresos por olas de calor o inundaciones hasta un 8 % más frente a los hogares masculinos.
Las mujeres suelen tener menos acceso a educación, tecnología agrícola, crédito, tierras o información para adaptarse a variaciones climáticas, su capacidad para adaptarse o diversificar sus medios de vida se ve limitada por estas barreras, mientras que los hombres pueden recurrir más fácilmente a alternativas.
Durante sequías, inundaciones o desastres naturales, el riesgo para las mujeres aumenta, ellas enfrentan más dificultades para acceder a ayuda, atención médica o refugios adecuados, acceso a saneamiento básico y se aumenta la probabilidad de sufrir violencia de género y deterioro de su salud en estas crisis.

¿Por qué esto importa para todos?
Las mujeres no solo son las más afectadas por el cambio climático, también son pilares en el cuidado del entorno y transmisoras de saberes ancestrales. Su rol en la gestión de los recursos naturales y en la vida comunitaria las convierte en aliadas estratégicas para la conservación. Empoderarlas y garantizarles acceso equitativo a recursos, educación y espacios de decisión no es solo un acto de justicia social, sino también una condición esencial para construir comunidades más resilientes, justas y sostenibles. Cerrar las brechas de género significa proteger la biodiversidad, la memoria cultural y los lazos comunitarios que sostienen la vida. En definitiva, mirar la conservación con enfoque de género es entender que la equidad y la sostenibilidad deben caminar de la mano.

